¿Cuántas veces por
miedo dejamos de arriesgarnos?
Hace diez años, me
arriesgué a tomar, lo que sería hasta el día de hoy, mi más grande aventura,
una aventura que me cambiaría el chip y el modo de ver la vida. Hoy quiero
compartirles un poco de ese pequeño pero gran aprendizaje. En el año 2008, con
tan sólo quince años, se me presentó la oportunidad de mudarme a otro país por
un año. No podría describir la emoción que sentí en ese momento, mientras otros
chicos de mi edad cursaban un año escolar, yo me encontraría viajando por el
mundo. Recuerdo a mis padres decir: no te preocupes por la escuela, podrás perder
un año, pero lo que no perderás es la oportunidad de vivir una de las
experiencias más enriquecedoras de tu vida. Mil sensaciones invadían mi cuerpo,
saber que tenía la oportunidad de vivir en una de las ciudades más bonitas del
mundo, Londres, no tenía precio. Y así inició mi aventura, con muchos, muchos
miedos, pero feliz, extremadamente feliz. Y es que es así, uno de los mayores
miedos que tenemos al emprender una aventura es a perdernos, pero no
contemplamos que al perdernos es cuando uno verdaderamente se encuentra. Y así
pasé uno de los años más diferentes, hasta esa fecha, de mi vida. Me encontraba
viajando sin parar, conociendo lugares como Stonehenge, Bath, el palacio de
Buckingman, el castillo Windsor, y mil y un lugares más que jamás pensé que
llegaría a conocer. Pasé un año increíble viviendo en esta diversa, colorista,
cosmopolita y deslumbrante ciudad. Tanta gente de diferentes países, tantas
culturas juntas, tanto por conocer, tantas enseñanzas…definitivamente pienso
que estas son las experiencias que te hacen crecer como persona. Londres 2008,
gracias, por tanto.
Publicado por: Karla Rodas


Comentarios
Publicar un comentario